Sistemas de vigilancia sofisticados

Vigilar y castigar

La idea de que la vigilancia es el principio rector de la organización social moderna fue propuesta por primera vez por el filósofo Michel Foucault en su libro Vigilar y castigar (Surveiller et Punir: Naissance de la prison, en francés). Mientras que consideramos la tortura como algo inhumano, Foucault demostró con su teoría cómo esa forma de disciplina era fiel a la lógica de controlar el cuerpo de un sujeto. Hoy simplemente tenemos un método más sofisticado de disciplina: controlar la mente de un sujeto.

El panóptico en el S.XXI

Foucault utiliza la metáfora de una torre de vigilancia que fue colocada en las cárceles a finales del siglo XVIII: el panóptico. Su intención, demostrar cómo en nuestro sistema carcelario el orden es mantenido por personas que creen que pueden estar bajo vigilancia en cualquier momento. Como un prisionero, uno no puede saber si el guardia lo está observando directamente. Tiene lo que se conoce como omnisciencia invisible. Así que debe asumir que está siendo observado. Y el cerebro hace el resto del trabajo.

Una idea, la de Foucault, extremadamente radical para la década de 1970. Hoy, en cambio, nos parece bastante común dado el nivel de vigilancia a la que estmos sometidos. Más aún, con el tipo de vigilancia que sabemos que se practica gracias a las revelaciones de Wikileaks. O Snowden.

El panóptico en el S.XXI

Según Foucault, la vigilancia es la forma en que instruimos a los escolares, tratamos a los pacientes, diseñamos ciudades y ponemos a los holgazanes a trabajar. Entonces, ¿cómo funciona esta idea de la vigilancia en el mundo virtual? Un par de ejemplos: el caso del escándalo por una relación extramatrimonial del director de la CIA y la publicación de Google: “reporte de transparencia”.

El primer caso nos recuerda que el correo electrónico, como Gmail y Hotmail, no es seguro. Las leyes de privacidad hacen que sea mucho más fácil para las fuerzas de seguridad registrar un correo electrónico que obtener una orden de registro. Esta ley, redactada en la década de los 80, necesita una actualización urgente.

De vuelta a 1984

Google recibió miles de solicitudes de datos de usuarios por parte de las fuerzas de seguridad. Solicitudes que cumplió en el 90% de los casos. Como existe una protección definitiva, debemos asumir que la mayoría de mensajes privados pueden ser leídos por destinatarios no deseados. El mundo va hacia el 1984 que imaginó Orwell. Y parece que no tiene freno.

Asumamos entonces que el conocimiento de uno está bajo vigilancia. Eso condiciona el comportamiento. Además tiene implicaciones que van mucho más allá de la aplicación de la ley. Las empresas de todo el mundo nos espían constantemente. Solo comprando un artículo en Amazon, por ejemplo, es probable que recibas publicidad con productos previamente buscados. O viendo un vídeo en Youtube, publicando una foto en Instagram. Vamos, cualquier cosa cotidiana…

Sistemas de vigilancia sofisticados

La industria más experta en cuanto a vigilancia es la industria del porno. Algunos proveedores de pornografía han intentado extorsionar a sus usuarios haciendo pública su identidad. Entonces, si el conocimiento por parte de Estados o empresas de que alguien pueda estar consumiendo vídeos pornográficos puede alterar el comportamiento, ¿cómo deben verse afectados otros comportamientos por la vigilancia, como el activismo o la posición política? ¿Deberíamos ver a Google y Facebook como sistemas de vigilancia sofisticados? ¿Es internet el panóptico definitivo? ¿Hay que volver al teléfono analógico?

Hagamos un buen uso de los datos

La tecnología plantea cada vez más amenazas fundamentales a la privacidad, el anonimato y la libertad. Es hora de revertir la situación. La información es nuestra y no de las empresas. Estos son los motivos de una web como la nuestra: analizar y estudiar nuestros datos. Hacer un buen uso de ellos se nos antoja hoy indispensable.